domingo, 27 de enero de 2008

¡QUÉ LASTIMA!

Hablando hace poco en el taller de Elena Escribano (Polimnia 222) sobre León Felipe y su obra, alguien -creo que fue Maite- nombró este poema ¡QUÉ LÁSTIMA! Lo he releído ahora y aquí lo pongo. He encontrado un montaje con imágenes en Youtube.





¡QUÉ LASTIMA!

¡Qué lástima! Que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas de hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde ésta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada:
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada

al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,

al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!,

una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,

a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.

¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra mano en el puño de la espada!

Y ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!

Porque... ¿qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,

ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,

ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo...
en esta tierra de España

y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada

y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia

y muy blanca
que está en la parte más baja

y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara

esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana

que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.

Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente al través de la ventana.
Cosas de poca importancia

parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan

ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,

esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada

como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada

con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama ¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha

caminando hacia la escuela de mala gana,
ni se para
en mi ventana,

ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,

y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,

al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban

en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca

que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.

Todo el ritmo de la vida pasa
por este cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!
¡Qué lástima!
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,

ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,

ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...

venga forzado a cantar, cosas de poca importancia!

__________________ León Felipe
________________ Versos y oraciones de caminante

4 comentarios:

LadyLuna dijo...

No es lo primero que leo de León Felipe, aunque admito que desconocía esta poesía.

Es la primera vez que paso por tu blog, espero que no te importe que deje este comentario.

Te invito al mío cuando quieras;)

Jesús Ge dijo...

LadyLuna:
claro que no me importa, los blogs se alimentan de los comentarios que los lectores dejan y que ayudan a seguir en el camino. El feedback de los lectores te permite corregir cosas en los textos o compartir tus dudas o tus miedos.
Bienvenida a El Grito Capicua.

Por cierto, por ahí, por Sevilla, útlimamente hay mucha movidilla poética.
¿Conoces la editorial El Cangrejo Pistolero? Hacen muchos recitales y performances de poesía.

Viktor Gómez dijo...

Éste inagotable León Felipe, poeta que con su sentido de la dignidad humana, desde su exilio y antes aún, siempre tuvo y obtuvo de la poesía fuerza y voz para los oprimidos, para los sufrientes, para los caminantes, me enseñó ya hace mucho, un secreto:

"Quitadle los caireles de la rima, el metro, la cadencia y hasta la idea misma. Aventad las palabras, y si después queda algo todavía, eso será la poesía".

Sigues llenando tu jardín de plenitudes pequeñas, como un día de sueto, un buen vino, la palabra del amigo o un silencio transparente.


Un abrazote,

Tu Viktor

Jesús Ge dijo...

Y sobre todo su mensaje y su estar ahí, del lado de los que perdieron. No la guerra, sino los que perdieron la dignidad, la esperanza, la confianza en el ser humano, los que perdieron la sonrisa.
Y el concepto de ESpaña que maneja León Felipe, mucho más amplio que el que nos quieren vender tanto Nacionalistas como centralistas.
¡¡Cuánto falta por hacer... y por leer!!

Besos y abrazos.
Jesús Ge.