"No se trata de hablar, ni tampoco de callar: se trata de abrir algo entre la palabra y el silencio." ROBERTO JUARROZ
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sábado, 10 de abril de 2010
domingo, 21 de febrero de 2010
LA TUMBA DE KEATS (fragmento) Juan Carlos Mestre

(…)
Todo el tiempo que viví, toda la geografía de las desavenencias, hierros, fechas,
todo el tiempo está aquí en el atardecer de este pájaro pintado por la mano de Giotto.
Soy el individuo, el adicto a la melancolía al cerrar una puerta,
el que se contradice y vacila, el que oye la aurora con voz de mujer que despierta,
me parezco al paraguas que llevan los revendedores en las regiones húmedas,
me parezco a la bruma que le brota a los ojos a las muchachas que han nacido en el campo,
he dormido con la brevísima en el domicilio de la brevedad,
he escrito mi nombre en la arena, la marea ha subido, ha llegado el agua,
ahora puedo contemplarme en lo desaparecido hasta embellecer lo exhausto,
ahora igual que un aullido mi conciencia se debilita a lo lejos como luces de una bahía,
soy el individuo.
(…)
Juan Carlos Mestre
“La tumba de Keats”
Ed. Hiperión. Madrid. 1999
“La tumba de Keats”
Ed. Hiperión. Madrid. 1999
sábado, 23 de enero de 2010
POÉTICAS EN FUGA (otra poesía es posible)

Primer Encuentro
Viernes 5 de febrero, de 19:30 a 21:30 hs
Mesa I: «Tendencias de la Poesía Hispanoamericana actual con nombres propios»
Participan: Marcos Canteli, Pedro Montealegre, Enrique Falcón, Ildefonso Rodriguez y Esther Ramón.
Mesa II: Lectura poética a cargo de Olvido García Valdés.
Acompañan: Guadalupe Grande, Laura Giordani, Antonio Méndez Rubio y Eloísa Otero.
*Con carácter informal, a partir de las 23 hs. En el café El Dorado, los poetas Ildefonso Rodríguez, Guadalupe Grande y Eloísa Otero ofrecerán una lectura de sus poemas.
Segundo Encuentro Viernes 12 de febrero, de 19:30 h a 21:30 hs
Mesa III: Lectura poética a cargo de Chantal Maillard.
Acompañan: Oscar Solsona, Julieta Valero y Arturo Borra.
Mesa IV: Lectura poética a cargo de Juan Carlos Mestre
Acompañan: Cecilia Quílez, Luis Luna y Rafael Saravia.
*Con carácter informal, a partir de las 23 hs. En el café El Dorado, las poetas Julieta Valero, Lourdes de Abajo y Luis Luna ofrecerán una lectura de sus poemas.
Universidad de Valencia
La Nau
Vicerectorat de Cultura
Calle de la Universidad, 2
46003 Valencia
Entrada libre y gratuita
Promovido por Libreria Primado (Miguel Morata), Café Cultural El Dorado (Isaac Alonso y Alicia Martinez) y por los miembros de la Asociación Poética Caudal (Sección de Valencia)
Poesía en diálogo con el público valenciano gracias a la subvención del Ministerio de Cultura y a la comprometida actitud de Alfons Cervera con la cultura y las bases sociales cediendonos un espacio, un marco incomparable en La Universidad de La Nau, Foro para el cambio.
Este 2º encuentro de POETICAS EN FUGA -otra poesía es posible- quiere participar en las dinamicas culturales de nuestra comunidad los que a nuestro criterio son, en su heterodoxia y rizomática emergencia, los trabajos de creatividad, comunicación y pensamiento más relevantes del denso panorama cultural presente. No hay jerarquias ni excelencias entre los participantes y el hecho de centrar en 3 diálogos con nombre propio + 1 mesa en panorámica de las tendencias inmanentes es por una cuestión práctica frente a los lectores, siendo que en sucesivos encuentros vayamos exponiendo otras poéticas como las de Jenaro Taléns, Carlos Piera, Ildefonso Rodríguez, Eduardo Milán, Tomás Segovia, etc.,
Así pues poesía para todas y todos, en proximidad y diálogo, con recitales en La Nau por parte de J. Carlos Mestre, Chantal Maillard y Olvido García Valdés y también con las lecturas, ya a partir de las 23 h. en Café El Dorado, de Ildefonso Rodríguez y Eloísa Otero la noche del viernes 5 de febrero y de Julieta Valero y Guadalupe Grande la noche del viernes 12 de febrero.
viernes, 9 de octubre de 2009
EL ARCA DE LOS DONES de Juan Carlos Mestre
EL ARCA DE LOS DONES
Mi alma es esa casa de madera que arrastra el vendaval.
A veces en la noche yo siento acercarse a un huésped invisible y oigo girar su llave y escucho avanzar sus pasos.
Entonces la poesía, cada pluma arrancada a las alas de un ángel, es la semejanza de una casa en el aire, el portal luminoso, las ventanas abiertas, el que empuja la puerta y el que entra seguro y se acerca hasta el arca y reparte los dones.
Doy al amanecer, cuando la sangre de los delfines se derrama lentamente sobre el serrín de las cervecerías, un cuchillo blanco.
Al que bajo el hielo negro de la noche caminó conmigo y sufrió conmigo la dócil alianza del fracaso, dejo la herida.
A la columna de silencio de esa muchacha que rozada por el tacto de la obediencia guarda en su pensamiento la perfección de la muerte, una copa de viento y de raíces.
Al río de mi infancia donde bebió Demócrito de Siracusa la niebla del espíritu, la claridad que ya no tendrán mis ojos.
A la ciudad que cercada por la elipse del envejecimiento enterró su memoria junto a las norias de la desposesión, una tumba vacía.
Al muchacho judío que ante un espejo empañado contempla el rubí de su alma atravesado por la espina de la crucifixión, una caja de música.
A la sombra de mi padre contemplando la luna, una cabaña en el bosque.
Al que en los atrios de la conformidad padeció la pobreza mas no será nombrado en las tablas de la justicia, la balanza con los alimentos.
A la orilla del mar, un caballo con cabeza de tortuga romana.
A la mujer que me amó con la fidelidad del astrónomo, dejo el resplandor, el halo de una estrella cuyo astro no existe.
Al ibis, la analogía de las agujas.
Para el que estrechamente vigilado por la locura hizo vibrar el ángulo recto de las constelaciones, el acordeón y las palomas verdes de la plaza.
Para ti, amor mío, el río eterno de los dioses y sus gatos sagrados.
Al insobornable enemigo cuya víctima fue feliz como un imán vertiginoso ante los filamentos de la melancolía, una silla de enea.
A la muerte, una puerta abierta.
Al ajusticiado en el abismo de su propia escritura que sólo tuvo oídos para el ángel y amó la semejanza y la inutilidad de las cosas, una jaula con peces de madera.
Al otoño, la lejana memoria de las ballenas del cabo.
A la sabiduría de los profetas, un candil de silencio.
A la lápida de Leonardo Mestre, los sueños que no tuvo y que ya nunca sabrá.
Al que con su linterna de fósforo ayudó a resistir y guió la navegación de los torturados, el faro de la utopía.
A la dulce mujer que se acercó a mi sombra como madre, el azul de mayo y el zumbido de las abejas en la primavera.
Al jardín de los monasterios, la alondra del alba y la rosa cortada del rabino.
Al tetrarca y al que está detrás de su lengua como un tábano, la urna rota del centauro ante la que un lacayo da voces.
A la tristeza que iba cruzando el puente aquella tarde de invierno, un revólver cerrado por un nudo.
Para el leñador que derribó el gran ciprés de los hermeneutas, el meteoro silvestre de las ciervas ingrávidas.
A la estatua de Francesco Orsini duque de Bomarzo, el vértigo transparente de la materia que huye.
A los versos que no escribí, un collar de frutos y semillas.
A la grieta del eremita, la pantera del anochecer.
A la memoria, la lluvia, el lirio de las estaciones abandonadas por las que pasa el ferrocarril sin detenerse.
A los amantes que descifran su desnudez en la oscuridad, un hilo de saliva.
A la pirámide del conocimiento, la amatista mojada del escarabajo y los élitros celestes del jeroglífico.
A La Habana de mis antepasados allá por mil novecientos veinte, la nieve.
Para Rousseau el Aduanero, los ágiles antílopes que cruzan el agua encarnada de los sueños.
Dad este libro a los animales, al búho y al alce, al armadillo y al erizo silvestre.
Arrancadle una a una sus páginas y dádselas a los animales. Dadle al hurón la oscuridad de la palabra búfalo y al búfalo la inmaculada pradera del billar de los bares.
Y de entre todos los dones y de entre todos los sueños, dadle a mi corazón una casa en el aire.
JUAN CARLOS MESTRE
“La poesía ha caído en desgracia”
Ed. Visor
jueves, 1 de octubre de 2009
JUAN CARLOS MESTRE, PREMIO NACIONAL DE POESÍA 2008
(tomado de ABC. Manuel de la Fuente. Madrid.)
Un pájaro de buen agüero llamó ayer a la puerta de «La casa roja», de Juan Carlos Mestre, libro por el que el poeta berciano ha obtenido el Premio Nacional de Poesía 2008. El jurado del galardón, cuya dotación económica es de 20.000 euros, ha estado presidido por Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, y de él han formado parte, entre otros, los también poetas Joan Margarit y Olvido García Valdés, autores galardonados en la dos últimas ediciones, y Elena Medel.
Mestre recibía tranquilo y sereno la llamada de ABC, y con cierta austera y sobria distancia la noticia del galardón, que le traía a la memoria otras voces ya perdidas, y su deseo de hacer justicia, poética, cuando menos: «Los premios carecen de importancia, sobre todo cuando hay tantos admirables poetas y queridos amigos que no han tenido la justicia del gran reconocimiento. No me puedo olvidar en estos momentos de dos personas desaparecidas este año, José Miguel Ullán y Antonio Pereira, dos poetas que han sido dos referentes para mí en todos los órdenes de lo literario y lo personal».
Pintor y creador visual, además de vate de larga trayectoria, autor de libros como «Antífona del otoño en el Valle del Bierzo» (Premio Adonáis, 1985), «La poesía ha caído en desgracia» (Premio Jaime Gil de Biedma, 1992), «La tumba de Keats» (Premio Jaén de Poesía, 1999), Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo en 1957) escribió «La casa roja» (Calambur Editorial) durante nueve años, un libro de alguien que asegura que no tiene «una relación literaria con la poesía. En ese sentido, comparto la idea de Antonio Gamoneda cuando señala que poesía es un proyecto espiritual y no un proyecto de sociología de lo literario». El poeta ahora galardonado entiende la poesía como «la conciencia de algo de lo que no podemos tener conciencia de ninguna otra manera», y puesto tras la huella y el pensamiento de su «admirado Rafael Pérez Estrada» explica que “este libro son palabras civiles para después del tiempo».
Mestre abre de par en par la puertas de «La casa roja», puertas de una casa que es para él «una casa de huéspedes abierta a los desterrados de la razón, a aquellos que han hecho de su vida una apuesta por la imaginación, por los sueños, aquellos que en las amargas canteras de la Historia levantaron su voz para desobedecer, para decir que no». Una casa, un hogar imperecedero, una vivienda casi eterna para un puñado de habitantes conscientes de que «no hay más alto destino para el arte que no sea el elogio de la dignidad humana y la lucha por el derecho civil a la felicidad». Un puñado de inquilinos cuyas voces constituyen «un coro concertado de desobedientes, de voces borradas por los discursos de orden, por los discursos del poder, por los discursos normalizados que han ido expulsando a través de la Historia las voces de los que disienten».
Juan Carlos Mestre desgrana los versos a través de las habitaciones de esta casa, situada «en un territorio de acarreo que es fundamentalmente el territorio de la poesía, porque en ella caben todas las posibilidades. Afortunadamente, un libro de poemas no es un regimiento en el que haya que guardar algún estricto orden de discursos, sino que es un pabellón de insumisos, todo libro de poemas es un pabellón de insumisos, y la poesía ese lugar donde se hace de manera más radicalmente fehaciente el postulado de que la libertad es la primera obligación de aquellos que establecen los derechos civiles de las palabras como utopía para acercarnos a un porvenir más digno…».
Un pájaro de buen agüero llamó ayer a la puerta de «La casa roja», de Juan Carlos Mestre, libro por el que el poeta berciano ha obtenido el Premio Nacional de Poesía 2008. El jurado del galardón, cuya dotación económica es de 20.000 euros, ha estado presidido por Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, y de él han formado parte, entre otros, los también poetas Joan Margarit y Olvido García Valdés, autores galardonados en la dos últimas ediciones, y Elena Medel.Mestre recibía tranquilo y sereno la llamada de ABC, y con cierta austera y sobria distancia la noticia del galardón, que le traía a la memoria otras voces ya perdidas, y su deseo de hacer justicia, poética, cuando menos: «Los premios carecen de importancia, sobre todo cuando hay tantos admirables poetas y queridos amigos que no han tenido la justicia del gran reconocimiento. No me puedo olvidar en estos momentos de dos personas desaparecidas este año, José Miguel Ullán y Antonio Pereira, dos poetas que han sido dos referentes para mí en todos los órdenes de lo literario y lo personal».
Pintor y creador visual, además de vate de larga trayectoria, autor de libros como «Antífona del otoño en el Valle del Bierzo» (Premio Adonáis, 1985), «La poesía ha caído en desgracia» (Premio Jaime Gil de Biedma, 1992), «La tumba de Keats» (Premio Jaén de Poesía, 1999), Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo en 1957) escribió «La casa roja» (Calambur Editorial) durante nueve años, un libro de alguien que asegura que no tiene «una relación literaria con la poesía. En ese sentido, comparto la idea de Antonio Gamoneda cuando señala que poesía es un proyecto espiritual y no un proyecto de sociología de lo literario». El poeta ahora galardonado entiende la poesía como «la conciencia de algo de lo que no podemos tener conciencia de ninguna otra manera», y puesto tras la huella y el pensamiento de su «admirado Rafael Pérez Estrada» explica que “este libro son palabras civiles para después del tiempo».
Mestre abre de par en par la puertas de «La casa roja», puertas de una casa que es para él «una casa de huéspedes abierta a los desterrados de la razón, a aquellos que han hecho de su vida una apuesta por la imaginación, por los sueños, aquellos que en las amargas canteras de la Historia levantaron su voz para desobedecer, para decir que no». Una casa, un hogar imperecedero, una vivienda casi eterna para un puñado de habitantes conscientes de que «no hay más alto destino para el arte que no sea el elogio de la dignidad humana y la lucha por el derecho civil a la felicidad». Un puñado de inquilinos cuyas voces constituyen «un coro concertado de desobedientes, de voces borradas por los discursos de orden, por los discursos del poder, por los discursos normalizados que han ido expulsando a través de la Historia las voces de los que disienten».
Juan Carlos Mestre desgrana los versos a través de las habitaciones de esta casa, situada «en un territorio de acarreo que es fundamentalmente el territorio de la poesía, porque en ella caben todas las posibilidades. Afortunadamente, un libro de poemas no es un regimiento en el que haya que guardar algún estricto orden de discursos, sino que es un pabellón de insumisos, todo libro de poemas es un pabellón de insumisos, y la poesía ese lugar donde se hace de manera más radicalmente fehaciente el postulado de que la libertad es la primera obligación de aquellos que establecen los derechos civiles de las palabras como utopía para acercarnos a un porvenir más digno…».
domingo, 8 de marzo de 2009
LECTURA DE POEMAS DE JUAN CARLOS MESTRE
domingo, 3 de febrero de 2008
LO QUE LLEVA UN POETA EN LA MOCHILA
El libro de Jorge Riechmann, "Conversaciones entre alquimistas", se abre con este poema que le dedica Juan Carlos Mestre. Bonita forma de comenzar un poemario. Un guiño entre alquimistas de la palabra y de la conciencia.
LO QUE LLEVA UN POETA EN LA MOCHILA
_____________________________A Jorge Riechmann
Lleva yogur para el camaleón
Las tijeras del equinoccio con que sí
Las tijeras del equinoccio con que no
Piedrecillas para el cementerio judío de la piedad
El bulbo del razonamiento
La Historia del Movimiento Obrero de las Hormigas
Una taza para el agua
La llave que abre el sueño de las muchachas dormidas
Los zapatos de Josephine Baker y la herradura de los ladrones
Lleva un puñado de tierra para la almohada
Y es la almohada
Un silbato para encender el brasero
Ruido de nueces para el instante de las semejanzas
Una aldea donde es feliz el calor
El pasadizo de estrellas hacia el rey del otoño
Un tintero para el himno de la desobediencia
Pan para el pan, eso lleva
Lleva la prosperidad de las repeticiones.
_________________________ Juan Carlos Mestre
LO QUE LLEVA UN POETA EN LA MOCHILA
_____________________________A Jorge Riechmann
Lleva yogur para el camaleón
Las tijeras del equinoccio con que sí
Las tijeras del equinoccio con que no
Piedrecillas para el cementerio judío de la piedad
El bulbo del razonamiento
La Historia del Movimiento Obrero de las Hormigas
Una taza para el agua
La llave que abre el sueño de las muchachas dormidas
Los zapatos de Josephine Baker y la herradura de los ladrones
Lleva un puñado de tierra para la almohada
Y es la almohada
Un silbato para encender el brasero
Ruido de nueces para el instante de las semejanzas
Una aldea donde es feliz el calor
El pasadizo de estrellas hacia el rey del otoño
Un tintero para el himno de la desobediencia
Pan para el pan, eso lleva
Lleva la prosperidad de las repeticiones.
_________________________ Juan Carlos Mestre
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