domingo, 23 de mayo de 2010

GENERACIÓN POKEMON

Este fin de semana he compartido varios momentos con mis sobrinos en torno a los videojuegos de POKEMON.
Mi sobrino Jorge, el pequeño, jugaba a POKEMON BATTLE NO-SE-QUÉ y lo estuve observando detenidamente. Se trata (para los profanos) de un combate entre dos jugadores en el que no son ellos los que luchan, si no unos seres (los Pokemons) que les pertenecen y que utilizan diversos poderes que se contrarrestan (vamos, el Piedra-Papel-Tijera de toda la vida). El mecanismo del juego me pareció una metáfora de los enfrentamientos entre gobiernos de Grandes Potencias, que utilizan a su ejército –soldaditos- para que se maten sin mancharse ellos las manos. Los personajes nunca pierden nada, sólo sus posesiones, por eso les resulta tan fácil a los chavales identificarse con ellos.
Cuando estaba analizando esto y preguntándole el funcionamiento del juego a mi sobrino, me llamó poderosamente la atención la imagen de los personajes femeninos. Los chicos llevan ropa deportiva (es una competición, no?) y se mueven con gestos similares a las Artes Marciales, pero las chicas aparecen con un vestidito primaveral muy mono y…. ¡con pamela! Me pareció otro forma más de perpetuar las diferencias de los roles sexistas excusada en un “También hay luchadoras chicas”.
Un poco más tarde, trasteaba con la NINTENDO DS (cuántos cacharritos tienen nuestros niños!) e intenté iniciar una partida a POKEMON SILVER EDITION (o algo así). Me preguntó si quería continuar una partida abierta que tenía mi sobrino Tomás, el mayor, o que si prefería comenzar una partida nueva. Pensé que para no estropearle –por mi inexperiencia- la partidita a Tomás, lo mejor sería empezar una nueva. Así lo hice. La máquina me advirtió que no podría guardar (¿) dicha partida porque no había espacio suficiente en la memoria. Bien, no importa, no tengo ningún interés en guardar mi primera experiencia POKEMON.
Pues bien. Cuando la máquina estaba explicándome los conceptos básicos, mi sobrino se acerca, mira la pantalla y me pregunta con los ojos llorosos y la voz temblorosa: “¿Has empezado una partida nueva?”.
Yo, con voz calmada y gesto de “no te preocupes, no voy a estropear nada” le digo: “”.
Mi sobrino rompe a llorar preso de una congoja inconsolable. Su padre (mi hermano) y yo nos miramos estupefactos y no entendemos nada.
Le pregunto: “¿Qué pasa?
- Que has empezado una nueva partida.
- ¿Y eso qué significa?
- Que has empezado una nueva partida (sniff, sniff, sniff).
- Ya, pero ¿qué pasa?
- (sin dejar de sollozar) Que has empezado una nueva partida.

Nunca la había visto llorar así, estaba totalmente desencajado, se le había hundido el mundo. Ni cuando murió mi madre (su abuela), ni cuando se separaron sus padres, ni siquiera cuando casi se quema la casa se había descompuesto de esa manera. Todo su mundo, toda su pasión, toda su energía se derrumbó porque yo había “empezado una partida nueva”. Pensé en la in-comunicación generacional, en el desfase lingüístico, en las nuevas estructuras de pensamiento, no sé.
Supimos más tarde, después de que mi hermano consiguiera (no sin grandes esfuerzos y violentas palabras) que nos lo explicara, que tendría que empezar de cero la partida y ya nunca (¿) podría conseguir “no-se-cuál” Pokemon especial que le dieron en el EVENTO POKEMON. Toda una tragedia.
La imagen era tan patética como la de un yonqui lloriqueándole al prepotente camello. Me dio mucha pena. Pero sobre todo por lo que esta escena escondía detrás. ¿Cómo están construyendo nuestros chavales su fuerza de voluntad, su tesón, su capacidad de enfrentarse a los problemas de verdad? Si se frustran de esta manera por un jueguecito así, ¿cómo llegarán a entender que en sus manos está la posibilidad de cambiar el mundo? Muy triste la escenita.
Luego pudimos comprobar que su partida no se había borrado. Cuando se lo dije, se le animó la cara y se lanzó, con los temblores propios de la abstinencia, a jugar como un poseso. Todo volvió a la normalidad.
Menos mal que, como dice mi compañera, los POKEMON ya no se llevan. Han sido suplantados por BAKUGAN, GORMITIS, NARUTO o BEN TEN.
Menos mal.

4 comentarios:

Mar Benegas dijo...

te iba a contestar con tranquilidad y largamente... pero estoy muy muy muy cansada, ya lo hablamos con tranquilidad...

beso

Jorge Brunete dijo...

¡Jesús como se te ocurre empezar una partida nueva! Yo también habría llorado... o me habría enfadado mucho jaja Pobre de tu sobrino, no puedes entender lo que significa POKEMON... Naruto o Gormitis no le llegan ni a la suela de los zapatos. Mi vida giró entorno a POKEMON como poco durante 3 años (¡como poco eh!). Si cualquiera le hubiese dedicado a la poesía la mitad de tiempo que por aquel entonces le dedicábamos a los POKEMON, ahora ese cualquiera sería Preimio Cervantes jaja. ayyy pobre de tu sobrino, yo también me habría llevado un buen susto si me llega a pasar aquello... (y ahora ya lo he superado, ahora se que podemos cambiar el mundo)

Un abrazo Jesús,
Jorge

Anónimo dijo...

me encanta còmo y lo que cuentas.

te quiere mucho, tu compi.

(lucièrnaga)

Elena Ajenjo dijo...

Me gustaría escribirte un largo comentario muy pedagógico sobre los efectos de las "maquinitas" en estas generaciones, pero lamento decirte que yo de Pokemons paso, pero si me borras los datos de una partida de Zelda o de Mario Bros...TE ARRANCO LA PIEL A TIRAS.
Siento defraudarte :(
PD: Deje de jugar cn estos cacharros hace años, pensé que estaba curada, pero en cuanto fui madre y entro uno de ellos por la puerta de casa...vi que era débil.