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jueves, 22 de agosto de 2013

"¡ES UN JUEGO, ESTÚPIDO!" Más reflexiones sobre el Slam Poetry



IT´S A GAME, STUPID!

In the fervor of competition, many slam poets forget one of the most important aspects of slam poetry: A slam contest is not a serious determination of who’s the best poet or performer. When they react furiously to a low score or strut in the glory of a perfect 10, they forget that most of what goes on at slam is arbitrary –a subjective concoction randomly constructed out of the chaos of an interactive poetry show. By what objective criteria can you compare a sonnet to a rant, or a seventeen-syllable haiku to a full three minutes of rap laced with pop images and slick jokes? How can judges, picked out or a rowdy crowd of unlettered citizens, be seen as an authentic testimony to a poem or poet’s value?

Remember, the contest is a theatrical device; it’s not meant to be the litmus test of a performance or text. It’s a natural drama. Everybody in the moment of the drama wonders who will win, who will get the high score, and who will walk away ten bucks richer. An hour after a slam ends, most people have forgotten who won- “What were all those numbers about anyway?”

“Take the mic. The art of performance poetry, slam, and the spoken word.”

Marc Kelly Smith with Joe Kraynak



¡ES UN JUEGO, ESTÚPIDO!
En el fervor de la competición, muchos poetas Slam olvidan uno de los aspectos más importantes de la poesía Slam: un concurso de Slam no es una determinación seria de quién es el mejor poeta o artista. Cuando algunos de estos poetas reaccionan con rabia a partir de una baja puntuación o se pavonean con un 10 perfecto, se olvidan de que la mayoría de lo que sucede en el Slam es arbitrario, una invención subjetiva construida al azar en el caos de un espectáculo de poesía interactiva. ¿Con qué criterios objetivos se puede comparar un soneto a una diatriba; o un haiku de diecisiete sílabas con un rap de tres minutos mezclado con imágenes pop y chistes pulidos? ¿Cómo puede el jurado, tanto si es minuciosamente elegido como si resulta una agitada multitud de ciudadanos incultos, ser visto como un auténtico testimonio del valor de un poema o del poeta?
Recuerde que el concurso es un artefacto teatral, no está destinado a ser la prueba de fuego de una actuación o de un texto. Es un teatro al natural. Todo el mundo en el momento del teatro se pregunta quién va a ganar, quién se quedará con la puntuación más alta, y quién se irá con diez dólares en el bolsillo. Una hora después de que finalice el Slam, la mayoría de la gente habrá olvidado quién ganó -“¿Qué eran todos esos números de todos modos?”


(Agradezco la ayuda para la mejora de la traducción. Si encuentras algo mejorable, por favor, házmelo saber)

domingo, 31 de marzo de 2013

¿PARA QUÉ SIRVE LA POESÍA? -reflexiones ante el slam-poetry-




Vengo de asistir como público al primer Slam Poetry de la ciudad de Valencia y mantengo mis encontradas posiciones ante este acontecimiento de reciente singladura. Quiero compartirlas con vosotros a ver si, con la escritura y vuestros comentarios, sigo reflexionando sobre ello.
La primera reacción que comparto con alguno de los asistentes, incluso con alguno de los participantes, es el rechazo a compaginar Poesía y Competición. No parece que la competencia entre poetas sea precisamente el camino más interesante. Estamos cansados, incluso indignados, de que esa competencia ya se dé en el mundo editorial; y de que, algunos sectores poéticos segreguen a través de los medios a su alcance (premios, etc.) a otros poetas igualmente válidos pero que transitan diferentes veredas poéticas. No a la competición.
Por otro lado, el hecho de que sea el público el que valore los poemas permite una cierta democratización de la percepción poética. El poema ha de defenderse ante un público/lector/espectador que te demostrará a través de su votación si le ha gustado o no.
Este punto se vuelve arma de doble filo al condicionar los poemas “jugados” (permítanme que use este verbo que, en otras lenguas, se utiliza para la acción teatral), pues probablemente elegiremos o tenderemos a presentar poemas más escénicos, o incluso condicionaremos nuestra lectura haciéndola más performativa (aunque el poema no lo exija). Todo ello en detrimento de las tendencias poéticas que se basan en la ruptura del lenguaje o en la fuerza del silencio dentro del poema.
Estas condiciones del acto de escucha también tiene sus inconvenientes: no es una lectura calmada y sosegada en el silencio de una habitación, o en una peña junto a un río; el encuentro con el poema se realiza en unas condiciones de jolgorio y espectáculo, condiciones similares a las que se dan en el acto teatral. ¿Se puede percibir así la profundidad de determinados poemas? Evidentemente no, pero esto ya sucede en cualquier lectura o presentación cotidiana: hay determinados poemas que sólo pueden ser leídos en la soledad de la lectura y que no puede haber una “traducción” oral de los mismos. Imagínense a Joan Brossa leyendo sus poemas visuales, ¿son menos poemas por no poder ser “leídos”? Entiendo que este tipo de poema tiene otro soporte y, por lo tanto, otros espacios y canales de divulgación.
También ese aspecto del público que puntúa obliga, en cierta medida, a que el poeta sea honesto y se presente desnudo a la intemperie del público fiscalizador (hoy, uno de los poetas participantes estaba indignado porque consideraba que la poesía del poeta ganador no era tal, sino que se limitaba a ser un panfleto político; se marchó bastante cabreado porque le pareció injusto que ganara de esa manera). Lo que, a mi juicio, considero arriesgado es que la poesía se vaya degradando paulatinamente hasta el punto de acercarla a claves más cabareteras (con todo mi respeto y pasión por dicho género) y vaya, poco a poco, perdiendo su esencia poética (me sigo preguntando ¿el cabaret no tiene esencia poética?). Siguiendo con esta reflexión llego a la tan temida pregunta: ¿qué es poesía y qué no podemos considerar como tal?
¿Es posible que en el calor del Slam se nos “cuelen” textos que no son estrictamente poéticos? ¿Es esto realmente importante? Me parecería deshonesto si el público esperara algo más intenso, sesudo, poéticamente correcto y le engañáramos con fuegos de artificio. ¿Es capaz el público de discriminar el grano de la paja? Los partidarios del Slam así lo piensan: será el público (con su honesta sabiduría -popular o culta-) el que valore mejor o peor la poesía que presentamos. Es posible que se presente un poeta que tenga una poesía muy depurada, muy trabajada, muy profunda… pero que al público no le guste esa noche. ¿Convierte eso a este poeta en mal poeta? ¿Convierte esta valoración a su poética en mala poesía? No necesariamente. No siempre el público de una noche en un bar es el mejor crítico para un poema. Así hay que entenderlo y así hay que recibirlo.
Por otro lado, un público que, en la mayoría de las ocasiones, no dispondrá de un criterio literario cimentado, ¿está capacitado para decir si determinada poesía es válida o no? ¿No se producirá una desvalorización del lenguaje literario? ¿No se valorará más el ingenio verbal y el chascarrillo por encima del desafío lingüístico que supone el lenguaje poético? Y quiero diferenciar claramente lo que suponen las acrobacias verbales o juegos de lenguaje (como las practicadas por Julio Cortázar o Vicente Huidobro) contra las ocurrencias sonoras de cualquier cómico (diferencien esto del sentido del humor practicado por algunos escritores españoles de los años 20).
Desde una visión heterogénea de la poesía, no me atrevo a criticar una actividad que da soporte a esta poesía más oral (Spoken Word significa Palabra Hablada) y/o escénica y que también tiene derecho a tener su hueco en el amplísimo Olimpo de la POESÍA. ¿O no?
Pero en este punto, vuelvo a algo que ya he dicho en otros foros: todo poeta, sea del corte que sea, tiene una obligación moral por intentar ofrecer lo mejor de sí. Ha de ser autoexigente y autocrítico con su obra. No vale cualquier cosa, en ninguna de las disciplinas que elijas como tu poética más afín. Es decir, si quieres desarrollar una poesía escénica o más cercana a lo oral, has de trabajar para perfeccionar las claves de dicha práctica. No vale cualquier cosa. Lo mismo sucede en las otras poéticas, exigen de una depuración y una revisión constante que no siempre se da en los círculos poéticos.
Por otro lado, un Slam Poetry permite que personas que nunca han tenido contacto con la poesía, escuchen –quizá por vez primera- a un poeta delante de un micrófono. A veces, esta situación es contraproducente, como nos pasa cuando la primera obra de teatro a la que nos llevaron no era acertada; pensamos que todo el teatro es una basura. La experiencia nos demuestra que no siempre es así. Este punto me ha hecho dudar de nuevo sobre mi negativa a participar en el Slam. Quizá sea el foro necesario para llevar la poesía más allá de los endogámicos círculos poéticos. Esta noche el público ha podido escuchar una muestra de las poéticas más diversas. No sé qué mensaje se habrán llevado a casa, pero probablemente para muchos haya sido la primera vez que les ha interesado mínimamente la poesía. No sé si alguno comprará un libro mañana pero, al menos, durante un rato, han sentido la fuerza de la palabra en la voz de algún poeta. Sigo haciéndome preguntas.


Recomiendo la lectura de los siguientes artículos, para seguir reflexionando:
- Slam!!! (Islas en la Red). Daniel Bellón.
- I Slam Poetry VLC, algunas reflexiones (Poesía de la Frontera). Jorge Brunete.